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Foto de Delia Morán Cabezalí |
Cuando éramos niños volábamos
en bandadas de pájaros con boca
invadiendo las plazas de los pueblos
con polifónica algarabía.
Colmábamos el infinito empedrado
de pujantes juegos
y enardecíamos las tardes
con heridas de guerra;
después, desplegando los sueños
cuajábamos de vida la lentitud de los días
que concedía la afortunada
infancia.
Cuando éramos niños mirábamos
las formas de las nubes
bocadillo en mano
apurando las migas en las esquinas
preparados para el terco escondite
y las batallas silenciosas
hasta el encendido de las luces.
Entonces, al trote, volvíamos a casa
zumbando un remolino de rollos
bajo los pies
y las madres, en las puertas, gritaban
nuestros nombres
como armónicos neones en la
noche.
Cuando éramos niños los arroyos
manaban barquitos de papel
y recorríamos los márgenes como piratas
de cuentos troquelados
marineros perdidos en fatuos abordajes
hasta llegar a la meta
si antes los deseos no zozobraban
en los rápidos de nuestra niñez.
©Pilar
Fernández Bravo